¿Mares de agua? No, mares de plástico

Con el buen tiempo que ha traído el inicio de la primavera, muchos son ya los que se han apuntado a zambullirse en las aguas saladas de las costas de la Península. Qué buen tiempo hace, ¿no? Pues no. Deberíamos decir qué mal tiempo hace.

A lo largo de los primeros meses de este 2019, el invierno, el cual ha sido más caluroso que frío, no ha dejado apenas precipitaciones, cosa que ha provocado como consecuencia una gran sequía que, como en los años anteriores, favorece a la desertificación del territorio.

Zona de sequía. Anton Ivanchenko, Unsplash

La temperatura global de la Tierra asciende y mucho más rápido de lo que pensábamos. Su continua explotación propulsada por las grandes internacionales, que también conlleva a la esclavitud de la población que vive en las regiones ricas en recursos naturales, ha dejado como efecto secundario, y no pequeño, este gran problema a nivel mundial.

Cuando los expertos denuncian la crítica situación que se está produciendo en los polos, con las fracturas de las placas de hielo, la extinción de miles de especies y el aumento del nivel del agua causado por el deshielo; no bromean. Esto es en serio.

Los mares ya no son de agua, son de plástico y de peces que mueren por comérselos. Luego, cuando tenemos el plato en la mesa no nos acordamos de las grandes posibilidades que tenemos de tragar lo que nosotros mismos producimos, porque al final, queridos lectores, todo lo que va, vuelve.

Tres pequeños grandes cambios

Os proponemos tres cambios para mejorar esta pésima situación, cambios en el día a día que conllevan a rutinas y que poco a poco pueden llegar a provocar un efecto muy positivo a nivel global y personal:

  1. Cambia las bolsas de plástico por las de tela. Con ello reducimos el plástico y nos aseguraremos de tenerlas perfectas durante mucho más tiempo ya que son más resistentes que las desechables.
  2. Camina y usa la bicicleta. La forma más fácil de hacer ejercicio es desplazarse caminando o en bici si son trayectos más largos. Además de moverte y contribuir a tu salud, no contaminas el medio ambiente.
  3. Recicla. Así tus residuos tendrán una segunda vida y se le podrán hacer un uso aunque tú ya no los quieras.

Entonces, ¿os apuntáis a seguir nuestras propuestas? Decidnos lo que os ha parecido en los comentarios, que como siempre, os leemos, y ¡muchas gracias por leernos!

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